Lo que la crisis nos enseña: el nuevo reto de las TIC frente al cambio climático

Un artículo que me han publicado en la revista  BIT nº 182 sobre “Lo que la crisis nos enseña: el nuevo reto de las TIC frente al cambio climático”.

El comienzo de siglo ha sido fructífero y esperanzador en el posicionamiento de las TIC frente al Cambio Climático tal y como ilustraba el artículo de José Manuel Huidobro en el bit de Abril-Mayo de 2008 “Green IT está de moda”. El avance en la buena dirección ha sido muy importante, sin embargo, la alianza Green y TIC (las comunicaciones también tienen mucho que ver en esto) parece que tarda en materializarse y en los últimos años, con la llegada de la crisis, parece que el problema se ha acentuado aún más. Quizás ha llegado el momento de bajar los pies al suelo y plantearse un reto más ambicioso.

La lucha contra el cambio climático esconde una gran complejidad

En los últimos años las TIC se han consolidado como una herramienta fundamental en la lucha contra el Cambio Climático, no sólo facilitando tecnologías que reducen la huella de carbono de terceros sectores, sino también permitiendo el seguimiento, la adaptación y la mitigación de sus efectos.

La importancia de nuestro sector es tal en este ámbito, que sin abandonar los esfuerzos por reducir nuestra propia huella de carbono, se nos va a permitir aumentarla por el gran efecto positivo que esperamos generar en las emisiones de gases con efecto invernadero de otros sectores. La expectativa es alta, y sin embargo, parece que la adopción de las tecnologías TIC limpias, no está siendo tan rápida como se podía esperar inicialmente.

Lo cierto es que el problema es complejo y esconde retos difíciles de conciliar a todos los niveles.

  • Para el consumidor, el reto medioambiental está claro en su mente y en un alto porcentaje (53%) prefiere productos y servicios sostenibles. Sin embargo, no está dispuesto, salvo en un porcentaje discreto (12%) a pagar más por ellos.
  • Para la empresa privada, las políticas medioambientales suponen una cierta oportunidad de diferenciación y por tanto, de negocio, pero sobretodo, los esfuerzos realizados por estas compañías están enmarcados en sus estrategias de responsabilidad corporativa para presentarse a sus clientes como compañías más humanas y cercanas a las preocupaciones del consumidor.

La obligatoriedad de cumplir con una normativa medioambiental, cada vez más exigente en España, ocupa la segunda posición.

Mientras que la presión de los clientes y el ahorro de costes, los a priori grandes motivadores de compra, ocupan sólo las últimas posiciones.

  • Para los países el problema es igual de complejo, pues ciertos sectores de la población lo demandan, pero el reto, además de ambiental es geoestratégico (de independencia energética si no pueden usar su propio carbón), de competitividad (las energías menos limpias son, en general, más baratas), de financiación…

Seguramente esta complejidad puede explicar porqué el debate medioambiental, sin abandonarse, parece haber descendido un peldaño en la agenda internacional.

Lo que nos enseña la crisis

La crisis, tal vez, ha inclinado la balanza hacia el ahorro en los últimos años, condicionando la decisión de compra desde el ámbito doméstico hasta el profesional o el de los propios gobiernos.

Si observamos las barreras a las que se enfrentan las grandes empresas europeas a la hora de comprar tecnologías limpias  se observa como el primer lugar lo ocupan el coste de inversión que suponen, y también, la necesidad de priorizar la compra de tecnologías que aseguren el funcionamiento de la compañía a medio plazo frente a las tecnologías limpias por sí mismas. Esto, probablemente, ocurra igualmente en el ámbito doméstico.

En muchos casos, el ahorro de costes que ofrecen las tecnologías limpias, no es suficiente como para hacer rentables por sí mismas este tipo de inversión, sumando además, que los clientes, en general, no van a admitir un sobreprecio por ello. La alta inversión que supone el despliegue de activos limpios es probablemente la principal barrera a la que nos enfrentamos, más aún en tiempos de crisis.

Así, si las TIC quieren tener un papel preponderante en lo que el secretario general de la ONU definió en una de sus visitas a la ITU como “el reto moral de nuestra generación” todo nuestro sector tendrá que realizar el último y mayor de los esfuerzos: reducir los costes de las tecnologías limpias para que su implantación sea claramente rentable para nuestros clientes.

Un ejemplo ilustrador

Quizás el mejor ejemplo sea el más sencillo: la bombilla. La bombilla de bajo consumo es más eficiente energéticamente que la bombilla convencional o la halógena, esto es, para iluminar lo mismo que una bombilla convencional de 60W, es suficiente con usar una bombilla de bajo consumo de tan solo 10W, con el consiguiente ahorro en la factura de electricidad, y lo que es más importante, con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la generación de la electricidad que no hemos consumido (nuestro objetivo final).

Sin embargo, los consumidores no cambian sus bombillas, porque tardan en encenderse, la luz no es tan agradable, y porque si comparamos el ahorro obtenido en la factura de la luz a lo largo de su vida útil con el importante sobreprecio al comprar la bombilla, puede que medioambientalmente si, pero económicamente, el consumidor no gana (el sobreprecio al comprar la bombilla de bajo consumo puede ser superior al ahorro en dinero durante su vida útil, antes de dejar de funcionar y tener que reemplazarla). Si a esto le añadimos que las bombillas de bajo consumo contienen sustancias dañinas para el medioambiente, el coste del reciclado estropea más aún el plan de negocio de esta tecnología. Necesitamos de un salto tecnológico que rompa el empate.

Las TIC limpias se enfrentan a este problema cada día

Esto no ocurre con todas nuestras tecnologías. Las redes móviles, por su estructura, disfrutan de una situación ideal en lo que se refiere a la eficiencia energética y el respeto al medioambiente: los nuevos equipos de red y los terminales de acceso son sucesivamente más y más potentes (un nuevo equipo de red puede aumentar su capacidad por diez en cada generación) a la vez que son energéticamente mucho más eficientes. Simplemente el proceso habitual de renovación de la red y de los terminales móviles conduce sin tener que hacer nada especial a estructuras cada vez más eficientes energéticamente: en cada renovación de un equipo de red se reduce el número de equipos y a la vez el consumo energético unitario que demandan disminuye.

Otros ámbitos de actuación de las TIC lo tienen más difícil, como en el caso de la domótica (automatización de los hogares), donde la inversión requerida depende del estado del tendido eléctrico interior, la inmótica (automatización de oficinas o edificios comerciales y públicos) donde el equipamiento y su precio es más profesional, las ciudades inteligentes, las soluciones de virtualización o de comunicación a distancia… A menudo, la inversión inicial requerida comparada con los ahorros obtenidos desaniman la adopción de este tipo de soluciones.

Un ejemplo ilusionante

Pero después de todo, no estamos tratando con un imposible. Si volvemos al ejemplo de la bombilla, el sector ha sido capaz de romper el equilibrio con la nueva tecnología de bombillas LED. Estas bombillas consumen aún menos energía que las de bajo consumo, no contienen sustancias peligrosas y su vida útil es mucho mayor (los fabricantes prometen 25 años), mejorando el plan de negocio del consumidor. Su precio aún es alto (la innovación también hay que remunerarla) pero los fabricantes estiman que en dos años, cuando su uso se generalice y se alcancen volúmenes de venta mayores, este bajará a niveles más asequibles para todos.

De momento la bombilla LED está desplazando a sus competidoras en aplicaciones industriales y públicas donde una inversión a 25 años es más sencilla de entender, pero es de esperar que en un futuro cercano lo haga en casi todos los ámbitos.

Por último, atendiendo al ejemplo que hemos usado se podría entender que el esfuerzo debe ser especialmente de los fabricantes de equipos y componentes, por ser la pieza básica sobre la que se construye cualquier solución TIC, pero no es cierto. Este reto pertenece a todo el sector: fabricantes de equipos y componentes, integradores, operadoras de telecomunicación (sin olvidar la colaboración con el sector energético)… Lo que cuenta para el cliente es el precio de la solución final (inversión, mantenimiento y reciclado) que sustituye a la tecnología “menos limpia”, después de sumar la aportación de cada uno.

Conclusiones

Sabemos que nuestro sector, en conjunción con el sector energético, tiene mucho que aportar a la lucha, seguimiento y mitigación del Cambio Climático, tal y como hemos explicado.

La crisis ha venido a endurecer las condiciones en las que debemos desplegar las tecnologías limpias, regalándonos una buena dosis de realismo. Sin embargo, la importancia de comprar tecnologías verdes en el sector empresarial privado se ha mantenido o ha aumentado, a pesar de la crisis.

Lo que nos falta ahora es dar el último salto con imaginación (innovación), voluntad (esfuerzo económico rentable) y también con algo de realismo práctico demostrando que nuestras soluciones no son sólo más eficientes sino también las más rentables para nuestros clientes.

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